Descubre cómo el arco influye en el sonido del violín: pernambuco, fibra de carbono, arcos barrocos, Tourte y la arquetería moderna.
El arco también tiene voz: cómo influye en el sonido de un violín
Dos arcos. Un mismo violinista. Un mismo violín. Y, sin embargo, dos sensaciones sonoras completamente diferentes.

Cuando pensamos en mejorar el sonido de un violín, nuestra atención suele dirigirse inmediatamente al instrumento: las cuerdas, el puente, el alma, el ajuste o, llegado el momento, cambiar directamente de violín.
Sin embargo, hay otra pieza fundamental del conjunto que muchas veces recibe menos atención de la que merece: el arco.
Cambiar de arco puede modificar la respuesta, el ataque, la articulación, la sensación bajo la mano y también la manera en que percibimos el color y la proyección del instrumento.
Esto no significa que exista simplemente un arco que “suena mejor”. La relación entre violinista, arco e instrumento es bastante más compleja.

El arco no es solamente aquello que mueve la cuerda
Para producir sonido, la crin del arco, ayudada por la resina, interactúa con la cuerda mediante un ciclo continuo de adherencia y deslizamiento. La cuerda transmite entonces su vibración al puente y este a la caja del violín.
Pero la manera en que entregamos esa energía importa muchísimo.
La rigidez y elasticidad de la vara, su distribución de masa, equilibrio, curvatura y peso influyen en cómo el violinista puede iniciar y mantener la vibración de la cuerda.
Por eso dos arcos aparentemente similares pueden comportarse de maneras completamente diferentes sobre un mismo instrumento.
Existe además otro elemento imposible de separar: el propio violinista.
Cuando cambia la respuesta que recibimos desde la mano derecha, también modificamos nuestra manera de tocar. Presión, velocidad, punto de contacto y articulación se adaptan constantemente a la información que recibimos del arco.
Por eso, cuando hablamos de su influencia sobre el sonido, en realidad estamos hablando de un sistema completo:
violinista, arco, cuerda y violín.
El peso no lo explica todo

Una de las primeras características que solemos observar en un arco es su peso, pero unos pocos gramos no pueden explicar por sí solos cómo se comportará.
Dos arcos del mismo peso pueden sentirse radicalmente distintos.
Importan la distribución de esa masa, el centro de gravedad, la rigidez y elasticidad de la vara, el camber o curvatura y la respuesta general del conjunto.
Un arco rígido puede entregar una extraordinaria sensación de precisión y ataque, mientras que uno más flexible puede ofrecer otra relación con la cuerda y una paleta diferente de posibilidades.
Por eso un gran arco no debería evaluarse únicamente de manera aislada.
La compatibilidad entre arco, instrumento y músico es fundamental.
Antes del arco moderno

El arco que utilizamos actualmente es producto de siglos de evolución.
Durante los siglos XVII y XVIII existieron arcos con características considerablemente diferentes de las actuales. Longitudes, pesos, cabezas, mecanismos para tensar la crin y curvaturas fueron cambiando junto con las necesidades de los músicos y del repertorio.
He tenido la oportunidad de experimentar personalmente con arcos barrocos, y mi impresión al compararlos con un arco moderno ha sido bastante clara.
El sonido se siente más directo y resulta particularmente fácil producir un sonido cálido y limpio, pero al mismo tiempo extraordinariamente rico en armónicos. En mi experiencia, incluso más que con muchos arcos modernos que he probado.
Pero esa facilidad para encontrar determinados colores viene acompañada de otras características.
Cuando intentamos trasladar al arco barroco algunos recursos propios de la técnica moderna, especialmente golpes que dependen del rebote y de una respuesta muy controlada de la vara, la sensación cambia radicalmente. El arco puede sentirse considerablemente más inestable y ofrece menos facilidades para ese tipo de técnica.
Esto no significa que el arco barroco sea inferior.
Fue concebido para otro lenguaje musical y para otra manera de relacionarse con la cuerda.
Precisamente la evolución posterior del arco ampliaría enormemente las posibilidades técnicas del violinista.
Y allí aparece uno de los nombres fundamentales de su historia.
François-Xavier Tourte y la revolución del arco modern

Si el violín alcanzó buena parte de la forma que reconocemos actualmente en Cremona durante los siglos XVII y XVIII, el arco todavía necesitó varias décadas para encontrar la suya.
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, el francés François-Xavier Tourte (1747–1835) llevó la construcción del arco a un extraordinario nivel de refinamiento.
Tourte no inventó de manera aislada cada una de las características del arco moderno. Su importancia está en haber desarrollado y consolidado una combinación particularmente efectiva de proporciones, materiales, equilibrio y curvatura que terminaría convirtiéndose en referencia para generaciones posteriores.
Una de las claves fue el pernambuco, una madera brasileña cuya combinación de densidad, resistencia y elasticidad resultó excepcionalmente apropiada para la construcción de arcos.
Esta evolución coincidió además con una profunda transformación de la música. El repertorio exigía un rango dinámico mayor y los violinistas necesitaban una herramienta capaz de responder a articulaciones y golpes de arco cada vez más diversos.
Más de dos siglos después, muchos de aquellos principios continúan presentes en los grandes arcos construidos actualmente.
Pernambuco, otras maderas y fibra de carbono

El pernambuco terminó convirtiéndose en el material por excelencia de la gran tradición arquetería.
Pero decir que un arco de pernambuco es automáticamente superior sería un error.
Existen enormes diferencias entre piezas de madera, entre constructores y, finalmente, entre los propios arcos terminados. La materia prima es solamente el comienzo.
También encontramos arcos construidos con otras maderas, entre ellas las agrupadas comercialmente bajo el término Brasilwood, utilizadas especialmente en instrumentos y arcos de gamas más accesibles.
Durante las últimas décadas apareció además un competidor completamente diferente: la fibra de carbono.
Su estabilidad frente a cambios ambientales, consistencia y resistencia han permitido fabricar arcos de gran precisión y actualmente existen modelos utilizados tanto por estudiantes como por músicos profesionales.
Por lo tanto, la elección entre madera y carbono no siempre puede reducirse a determinar cuál es objetivamente mejor.
Volveremos sobre eso al final.
La arquetería contemporánea

La historia del arco tampoco terminó con Tourte.
Actualmente existen arqueteros capaces de continuar una tradición de más de dos siglos mientras desarrollan su propia interpretación de ella.
Entre los grandes nombres de la arquetería contemporánea podemos mencionar a Benoît Rolland, Stéphane Thomachot, Charles Espey y Noel Burke.
Benoît Rolland es uno de los nombres más reconocidos internacionalmente de la arquetería actual, con una mirada particularmente interesante sobre la relación entre el arco, el instrumento y las necesidades del músico.
Stéphane Thomachot representa una de las grandes continuidades de la tradición francesa contemporánea y ha ejercido además una importante influencia sobre generaciones posteriores de constructores.
Charles Espey se convirtió en una figura fundamental dentro de la escuela norteamericana moderna, reconocido tanto por sus propios arcos como por su influencia sobre otros arqueteros.
Y Noel Burke se ha consolidado como uno de los constructores más respetados de su generación.
No pretendemos establecer que sean “los cuatro mejores del mundo”. Son cuatro ejemplos del extraordinario nivel que puede alcanzar la arquetería contemporánea.
Tourte ayudó a establecer el lenguaje. Más de dos siglos después, los grandes arqueteros continúan hablándolo con sus propias voces.
Cuando finalmente descubres la diferencia

Foto: yo mismo hace 12 años con un arco económico.
Durante años toqué con arcos de calidad estudiante.
Sabía que existían grandes diferencias de construcción, materiales y precio, pero durante mucho tiempo no había experimentado personalmente hasta qué punto un arco podía transformar la relación con un mismo violín.
Eso cambió hace poco, cuando tuve la oportunidad de probar un arco construido por el arquetero brasileño Francisco Silva, perteneciente a mi amigo Benjamín Aedo, primer violín de la Orquesta Sinfónica de Concepción.

Se trata de un arco de vara redonda de pernambuco y 63,5 gramos de peso.
Fue probablemente la primera vez que sentí que estaba tocando con un arco claramente superior a todo lo que había utilizado hasta entonces.
La diferencia no era algo que hubiese que buscar con atención.
Estaba ahí. Era evidente.
Aquella experiencia fue la que realmente me hizo comprender por qué un violinista puede dedicar tanto tiempo a encontrar el arco adecuado para su instrumento.
Mi primer arco de gran calidad: O. Mettal

Poco después adquirí mi propio arco de gran calidad, construido por Otto Mettal (1910–1993) y marcado “O. Mettal”.
Se trata de un arco de pernambuco, vara octogonal y 66,7 gramos de peso de con seguridad más de 50 años . Sus monturas parecen ser de plata, aunque este último dato todavía está pendiente de verificación.

Es una adquisición muy reciente y todavía me queda muchísimo por descubrir.
Un buen arco también requiere tiempo: conocer su respuesta, entender dónde se siente más cómodo, descubrir cómo trabaja en diferentes puntos de contacto y dinámicas y, finalmente, ir descubriendo poco a poco sus secretos.
Pero la primera impresión ha sido contundente:
la diferencia es enorme.
Esto no significa necesariamente que haga que mi violín suene siempre “mejor”.
Mejor y peor dependen del instrumento, del violinista y de aquello que buscamos conseguir. Precisamente ahí está una de las cosas más interesantes de los arcos:
diferente no significa automáticamente mejor.
Pero sí existe una diferencia muy tangible entre un arco y otro. Y cuando encontramos uno que funciona particularmente bien con nuestro instrumento y nuestra manera de tocar, podemos descubrir respuestas y colores que anteriormente eran mucho más difíciles de conseguir.
Este arco todavía tiene mucho que mostrarme, pero su primera enseñanza llegó inmediatamente:
a veces no necesitas cambiar de violín para descubrir sonidos que todavía no sabías que estaban dentro de él.

¿Quién fue Otto Mettal?
Otto Mettal (1910–1993) fue un arquetero perteneciente a la reconocida tradición de constructores de instrumentos de Schönbach, actual Luby, en la República Checa.
Hijo menor de Ignaz Mettal, se formó como alumno y asistente de su padre dentro del taller familiar.
Inicialmente trabajó en la construcción de guitarras, pero posteriormente se especializó exclusivamente en la fabricación de arcos.
Otto perteneció a una extensa familia vinculada a la construcción de instrumentos y arcos, y la tradición continuaría con su hijo Walter Mettal (1940–2024), también dedicado a la arquetería.
Se conocen en el mercado arcos de mediados del siglo XX identificados como “O. Mettal”, aunque su producción y trayectoria permanecen considerablemente menos documentadas que las de otros fabricantes europeos de su época.
Y precisamente por eso decidimos incluir aquí esta breve reseña.
Encontrar información sobre Otto Mettal no fue fácil.
Nos tomó bastante tiempo buscar, contrastar datos y descifrar las pocas referencias disponibles sobre su vida y su trabajo. Gran parte de su historia permanece dispersa entre registros familiares, referencias del oficio y ejemplares que ocasionalmente aparecen en el mercado.
Si todo ese trabajo nos permitió reunir aunque sea una pequeña parte de su historia, nos parecía absurdo volver a dejarla escondida.
Quizás esta información también pueda servir como punto de partida para otro músico que, algún día, encuentre un arco marcado “O. Mettal” y quiera saber quién estuvo detrás de esas letras.

Entonces, ¿un mejor arco hace sonar mejor un violín?
No necesariamente.
Y quizás esa sea la conclusión más importante.
Un arco más caro, antiguo o prestigioso no garantiza automáticamente un mejor resultado. Un arco extraordinario puede no tener la mejor relación con determinado instrumento o con determinada manera de tocar.
Tampoco debemos confundir todas las diferencias que percibimos bajo nuestra mano con cambios exclusivamente acústicos. Parte del resultado procede de la interacción física entre arco y cuerda, pero otra parte aparece porque nosotros mismos tocamos de manera diferente cuando el arco responde de otra manera.
Lo importante es comprender que el arco forma parte inseparable de la ecuación sonora.
Cuando probamos un violín, no estamos escuchando únicamente al instrumento. Estamos escuchando el resultado de la interacción entre el instrumento, sus cuerdas, el arco y la persona que lo toca.
Por eso, antes de pensar que nuestro violín necesita ser reemplazado, quizás valga la pena hacer algo mucho más sencillo:
probar otro arco.
Puede que descubramos que el instrumento tenía cosas que nunca habíamos conseguido pedirle.
¿Y el arco de fibra de carbono?

Antes de terminar, tengo que volver a aquella alternativa que dejamos pendiente.
También tuve la oportunidad de probar brevemente un CodaBow de fibra de carbono perteneciente a mi amigo Javier Figueroa, concertino de la Orquesta Filarmónica de Temuco.
La estabilidad y calidad del arco son absolutamente tangibles. Entiendo perfectamente por qué los buenos arcos de carbono han conseguido un lugar entre estudiantes, aficionados y músicos profesionales.
Y justamente después de escribir todo este artículo sería contradictorio afirmar que un material es automáticamente superior a otro.
Al final existe también una variable que no podemos medir en gramos, rigidez, equilibrio ni densidad:
el gusto personal.
Así que, con todo el respeto que merece un buen arco de carbono:
Lo siento, pero la fibra de carbono no es lo mío.
A mí me gusta la leña.
Omar Lara Espinoza
Fundador De Violín - Violinista